Esgrimista anónimo:
Querido
Francis, hoy he conocido a un esgrimista que usaba la mano siniestra.
No sabía como comportarme, estaba nervioso, mis gestos eran extraños,
como si tartamudeara con el cuerpo, me sentía torpe.
No
quisiera herir sus sentimientos, tal vez se ha pensado que estaba
enamorado, y ahora no sé como explicárselo sin herirle el corazón.
Firmado, Siniestreza
Francis de Abarca y Montoya:
Querido
Siniestreza, no te debes sentir mal, los zurdos están acostumbrados a
que nos comportemos así, no te debes de preocupar. Dentro de unos pocos
asaltos te habrá enarcado vienteveces por tu exterior, y ese amor
incipiente se convertirá en odio fraterno, y tus titubeos de ahora serán
cuchilladas firmes.
Todos hemos pasado por ello.
Tuyo siempre, Francis.
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